RUTA ESPIRITUAL DE LAS AMÉRICAS

La ‘Ciudad Señora’, fundada tres veces y tras- ladada otras dos, ubicada entre las cordilleras Occidental  y Central, y una de las más anti- guas de Colombia, es un lugar donde se res- pira devoción y fe. El misticismo se refleja en cada rincón de esta generosa  y cordial ciudad que se transforma para ofrecer a sus visitantes una experien- cia enriquecedora, que se proyecta como camino de la ruta espiritual de las Américas, en medio de un paisaje rodeado por grandes cultivos de caña de azúcar.

La ciudad entera es un templo de la espiritualidad, identificado por el fervor hacia el Señor de los Milagros y la simbología reflejada en la retícula de su trazado, en las ventanas “arrodilladas”, en las figuras plasmadas en portones, en sus iglesias que hacen que la mirada se ele- ve al cielo, en la riqueza de sus recursos naturales, en el ánimo emprendedor de sus habitantes, en las aguas del río Guadalajara, en las miles de imágenes, escapularios y estampitas que abundan y en el sentimiento que crece en nuestro interior.

Guadalajara de Buga, meca del turismo religioso en Colombia, enaltece el espíritu. Cuenta la leyenda que hacia 1570 una humilde mujer indígena que lavaba ropa en el río Guadalajara, antes llamado río Piedras, tenía el deseo de comprar un Cristo para tenerlo en su casa; por lo que ahorró hasta comple- tar los 70 reales que costaba. Un día, vio por el camino que un hombre, padre de familia, era llevado a la cárcel por una deuda –igual al dinero que ella poseía– que no había podido pagar. Ella, compasiva, entregó sus aho- rros para que el hombre recobrara su libertad.

Empieza de nuevo a ahorrar mientras sigue con su labor de lavandera. Tiempo después encuentra un cru- cifijo en el río, el cual lleva a su casa y guarda en una caja de madera. Una noche empezó a escuchar unos golpeci- tos que provenían de la caja; al acercarse ve, asombrada, que el Cristo había crecido.

La noticia se propagó por toda la región, lo que pro- vocó que la choza de la humilde mujer se convirtiera en centro de romerías, y el Cristo en motivo de veneración. Las ansias de los fieles por poseer un recuerdo del her- moso Cristo hacen que lo vayan destruyendo al llevarse algunas  de sus partes. Al conocer esto, el obispo de Popayán considera que la imagen ya no es digna de de- voción, por lo que ordena que se queme y se reemplace por una nueva. Contrario a lo que se esperaba, el Cristo no se quema sino que, empieza a recobrar su hermosura y a sudar, lo que provoca en la gente ansiedad por reco- ger el sudor en algodones  que posteriormente aplican sobre los enfermos, y logran el milagro de la sanación. Desde entonces la imagen se convierte en el venerado Señor de los Milagros.

Conocer esta conmovedora leyenda nos entusiasmó a adentrarnos en la almendra de esta ciudad, sus habi- tantes y tradiciones. Estar aquí y acercarnos a la pasión que inspira el Cristo negro significó para nosotros, un par de viajeros creyentes, reencontrarnos con nuestro interior y reflexionar sobre la vida y el valor de la soli- daridad humana.

Desde nuestra llegada a Buga, solo escuchamos las historias  de niños, jóvenes y adultos que hablan con especial sentimiento sobre los favores recibidos de ‘El Milagroso’. Todos los días, desde tempranas horas los fieles llegan al templo, unos a encomendar su vida, otros a dar gracias, otros a cumplir promesas.

La devoción hacia el Señor de los Milagros se mani- fiesta especialmente en dos momentos: en la romería de los días 14 de cada mes cuando la alameda y los al- rededores del templo se ven colmados de feligreses que acuden desde distintos puntos de la geografía nacional a hacer sus peticiones por los enfermos. Es un ritual que reúne cerca de 20 mil personas  cada año. Y el otro, las rogativas del mes de septiembre, esa novena solemne que cada 7 años se realiza en honor al Señor de los Mila- gros y que congrega  a miles de creyentes de la región, del país y del mundo que acuden a elevar sus plegarias. Esta es la única ocasión en que la imagen original sale del camarín por las calles de la ciudad. (Las próximas rogativas serán en el 2018).Con el deseo de vivir esta experiencia nos vamos a descansar al hotel, un antiguo edificio de estilo republicano situado a orillas del río Guadalajara  que le da el nombre a esta apacible ciudad.

 

s vale la libertad de un hombre…

Al día siguiente, a las cinco y media de la mañana, escuchamos el  ‘Ángelus’, interpretado por las cinco campanas de la basílica menor del Señor de los Mila- gros, mientras  caminamos por el piso de la alameda peatonal  que da al templo, donde leemos la hermosa frase que originó esta historia: “Más vale la libertad de un hombre que la posesión de una imagen”, expresión que permanecería en nuestra mente y sería motivo de inspiración en este peregrinaje por la ‘Ciudad Señora’.

Un religioso que estaba a la entrada  nos comentó que la construcción del templo fue posible gracias al trabajo y dedicación de los fieles, quienes donaron di- nero y tiempo para empezar a ensamblar cada uno de los cuatro millones de ladrillos con los que se erigió la imponente iglesia. Se dice que ante el llamado de las campanas, todos los vecinos salían presurosos al río a conseguir los materiales para su construcción. Luego de

15 años de trabajo continuo, se inauguró en 1907.

Nuestro improvisado guía nos hizo notar varios es- tilos arquitectónicos, entre los que predomina el romá- nico con sus arcos característicos, bóvedas de cañón y cúpulas formadas sobre una planta cuadrada. Sobre el frontis se destaca el reloj traído de Francia (a un costo de 1.500 pesos), el pedestal donde está la imagen del Santo Redentor, fabricado en hierro fundido, y las im- ponentes torres.

En las puertas, finamente talladas en madera, el reli- gioso nos mostró 32 figuras que nos cautivaron  y per- mitieron hacer un recorrido por esta especie de libro bíblico abreviado: en la puerta central está representada la pasión de Jesucristo, con las figuras de la cruz y la es- calera, la columna de flagelación y los látigos, el manto de La Verónica y la corona de espinas, entre otras.

La puerta derecha representa el culto del antiguo Israel, que recuerda  los acontecimientos del pecado original con la serpiente  en el árbol del bien y del mal, el arca de la Alianza y el becerro de oro, entre otros; en la puerta izquierda está el culto de la Iglesia católica con sus símbolos, como la tiara pontificia y las vinajeras para el agua y el vino; la puerta lateral está dedicada a los títulos de la Virgen María: ‘Estrella de la mañana’,‘Virgen dolorosa’ y ‘Rocío mañanero’.

La iglesia comienza a inundarse de feligreses que van deteniéndose en los diferentes altares a elevar sus plegarias, bien sea a la  Virgen del Carmen – en una alegoría al purgatorio–, o a la Sagrada Familia o al Sagrado Corazón de Jesús. Se escucha el murmullo de las oraciones y de los pasos como una ola que va y viene… Los rayos del sol aumentan el brillo de santa Rosa de Lima, san Roque y santa Bárbara, los vitrales de santos que se mezclan con las representaciones de pasajes bí- blicos que se ubican debajo de los altares. Nuestro guía espiritual nos señala uno de los vitrales que representa un pelícano, de cuyo pecho herido mana la sangre que alimenta sus polluelos y nos cuenta que es una alegoría de la iglesia, siempre dispuesta a derramar la sangre porsus hijos… es estremecedor.

El religioso nos hace notar que el retablo principal armoniza con el altar de mármol. Nos muestra los 10 nichos con efigies de ángeles y santos, entre los que José, mi compañero  de viaje, reconoce a la Verónica y a santa Bárbara, imágenes traídas a comienzos del siglo XX.

El amable sacerdote  nos comenta que pertenece  a la Orden de los padres Redentoristas, la cual adminis- tra la basílica desde finales del siglo XIX. Se despide de nosotros y desaparece, para reaparecer unos minu- tos después en el altar y dar inicio a la misa. Concluida la misma, una oleada de devotos comienza a ascender a la capillita localizada detrás del altar. Nos dejamos llevar por esta fuerza irresistible hasta quedar frente a la venerada imagen del Señor de los Milagros.

Es, sin duda, un momento único en nuestras  vidas. La sencillez y profundidad de este encuentro aumenta nuestro fervor. Elevamos en silencio nuestras oraciones y las peticiones que mis amigos me solicitaron entregar. Nos santiguamos ante la imagen enternecedora, de color oscuro, y salimos por el otro costado con la con- vicción de que los milagros suceden.Sentimos que con la fe renovada  gozamos de una nueva forma de libertad.

FUENTE: Coleccionables Pueblos Patrimonio de Colomba Buga - FONTUR